COMIENZOS TRADUCTORILES: Introducción de Tenesor Rodríguez Perdomo


En estos próximos artículos recopilaré consejos y experiencias de profesionales de la traducción e interpretación sobre cómo lanzarse al mundo laboral. Como yo solo puedo hablar desde mi experiencia en TAV (audiovisual) y literaria, me he puesto en contacto con compañeros para que den su punto de vista. Espero que les sirvan y los disfruten.


Mi compañero y amigo Tenesor Rodríguez Perdomo, traductor jurídico y médico, me ha enviado estás líneas tan interesantes que me parecieron perfectas para comenzar con esta serie de artículos. Gracias, Tenesor.





Al teólogo y matemático William G. Ward se le atribuye una máxima que bien podría servir de mantra para esta era de incertidumbre en que nos ha tocado vivir: «El pesimista se queja del viento, el optimista espera que amaine y el realista ajusta las velas».

Como en traducción todo depende del contexto, tal vez deberíamos tener en cuenta que leer la sección de economía de los diarios probablemente nos convierta en pesimistas, mientras que escuchar los mensajes de bienintencionados gurús del emprendimiento y el marketing a buen seguro nos dejará un poso de excesivo optimismo. Y ni una cosa ni la otra, sino las dos.

A menudo me preguntan cómo iniciarse en el mercado laboral de la traducción y, con la mejor de las intenciones, suelo compartir las recetas que a mí me sirvieron en mis comienzos. No son muy distintas de las que pululan por numerosos y trabajados blogs de colegas de solera y prestigio. Por eso, ante la pregunta, he creído conveniente no resultar reiterativo y adaptar las recetas al nuevo contexto, puesto que el mundo de hoy es bastante distinto al de hace quince años.

Los analistas y sociólogos a los que recurro para tratar de comprender la era en la que vivimos hablan de un mundo VUCA: son las siglas —en inglés— de volátil, incierto, complejo y ambiguo. Cuatro adjetivos que, a mi modo de ver, encierran un mensaje claro: cambios vertiginosos que exigen una extraordinaria capacidad de adaptación.

Una abuelita nacida en 1940 jamás imaginó un mundo digital como el actual; los nacidos a principios de la década de 1980, tampoco. Por ello, para responder a la pregunta inicial habrá que plantearse no solo qué ha cambiado, sino, sobre todo, qué NO ha cambiado ni va a cambiar. Ahí radican las claves y ahí habrá que buscar las respuestas.

Sabemos que han cambiado los medios de comunicación y las formas de comunicarnos y, con ellos, las necesidades, las prioridades y las profesiones. Lo que permanece inmutable, en cambio, es la necesidad de comunicación y de dominio del lenguaje. Por lo tanto, tal vez no deberíamos pensar en la profesión de la traducción a partir de parámetros que empiezan a quedarse obsoletos, sino en profesionales multidisciplinares del lenguaje, aptos no solo para traducir, sino también para comunicar, crear contenido, analizar discursos y adaptar mensajes.

En esta nueva realidad —para algunos, distópica—, no desaparecerá la traducción médica ni la traducción jurídica, ni tampoco la traducción literaria ni audiovisual. Como recogen y advierten analistas y periodistas como Enrique Dans y Marta García Aller, todas las profesiones van a cambiar —incluidos el derecho y la medicina—. Las mejores recetas para afrontar esta revolución, sin embargo, sí son inmutables y ya nos las decían nuestros abuelos y nuestros padres: la primera, formarse; la segunda, andar ojo avizor y tratar de analizar los próximos movimientos como si de una partida de ajedrez se tratara.

Tenesor Rodríguez-Perdomo

Traducción jurídica y médica
Traductor jurado


Espero que les haya gustado. ¡Hasta el próximo!

Keep calm and translate!




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