Entrevista a Tenesor Rodríguez, traductor jurídico y médico


En estos nuevos artículos, entrevistaré a los mejores traductores/intérpretes del mundo. Pues qué mejor para alguien nuevo en este mundillo, como yo, que aprender de los mejores. Muchísimas gracias a los que han dedicado un ratito de su tiempo para informarnos y entretenernos con sus historias y experiencias.

Hoy tengo el placer de entrevistar a Tenesor Rodríguez Perdomo, gran compañero y, si cabe, mejor persona. Tuve el placer de ir a su conferencia durante las Jornadas Canarias de Traducción e Interpretación (TRADICAN), que se celebrarán de nuevo en marzo de 2019. Allí nos habló de cómo una canción lo trajo hasta la traducción médica (pueden ver el vídeo de su ponencia aquí). Es traductor jurídico y médico, así como intérprete judicial. Este último año he tenido el placer de poder conocerlo mejor, hablando largo y tendido, y volviéndolo un poco loco con mis preguntas e inquietudes. Puedo decir que me ha ayudado muchísimo y no puedo estar más agradecida. 


1. Para los que no te conocen, ¿cómo empezaste en el mundo de la traducción?

Estudié traducción e interpretación en la ULPGC de forma completamente vocacional. Me encantan los idiomas y me encanta aprender cosas nuevas. La traducción y la interpretación me aportan las dos cosas: aprender idiomas —es decir, conocer culturas— y aprender sobre los temas que me interesan.

2. ¿Cuál fue tu primer trabajo de traducción y cómo llegó?

Cuando terminé la carrera, empecé a traducir de forma esporádica para algunas empresas del sur de Gran Canaria. Luego, en 2003, empecé un doctorado y allí conocí a algunos compañeros que empezaron a ofrecerme encargos de manera más continuada. Quizás uno de mis primeros encargos profesionales con todas las letras fue en el sector de las patentes. Me llamó una excompañera de clase para trabajar, como autónomo, para un despacho en el que traducían patentes. Pagaban una miseria pero mi amiga me decía que ella se ganaba un sueldo todos los meses. Y era cierto, a base de echar muchísimas horas delante de la pantalla. Además de que la tarifa no me convencía, traduje mi primera patente y, cuando estaba terminando la segunda, me escribe el cliente para que corrigiera algunas partes de la primera patente. El texto se lo había enviado en Word. Y él me lo devolvía en un pdf escaneado con anotaciones manuscritas. Hice las correcciones, terminé la segunda patente, envié ambos documentos, presenté mi factura y me despedí del cliente. Aprendí mucho con aquel cliente.

3. ¿Hay algún trabajo al que hayas dicho o dirías que no? Ya sea por tarifas, tiempo, ideología, etc.

Pues por las tres cuestiones he dicho, digo y diría que no. Por ejemplo, cuando uno se dedica a esto profesionalmente, las tarifas establecen o deberían establecer los trabajos que unos acepta y lo que no. Por tiempo, también. Si sé que no puedo terminar una traducción a tiempo con todas las garantías, comprometerse es pillarse los dedos. Tampoco acepto un encargo si sé que es un tema que no domino. Por ejemplo, no tengo ni idea de audiovisual ni de localización de videojuegos. No se me ocurriría aceptar un proyecto de ese tipo. Y por ideología también he dicho que no a algunos encargos. Por ejemplo, a encargos sobre armamento y también a una empresa que hace páginas web —textos muy sencillos y bastante bien pagados— que conforman una especie de altar o recordatorio de personas fallecidas. No me parece bien fomentar ni sacar partido al dolor ajeno. Es una decisión personal.

4. ¿Cuáles son los errores más comunes que ves en los que están empezando? Y ¿qué les recomendarías?

No me atrevería a señalar los errores de los demás, sinceramente. Sí hay algo que me gustaría recomendar a los que empiezan: que sean críticos y autocríticos. Que no se crean el discurso de alguien porque es famoso o porque lleva tantos años dedicándose a esto. Eso también implica poner en tela de juicio todo lo que digo en esta entrevista. Como decía el protagonista de Lugares comunes, «experiencia no implica conocimiento». Por último, que se tomen la profesión como eso mismo: una profesión. Cuando yo empecé, no tenía ni idea de contabilidad, ni de marketing, ni fiscalidad, etcétera. Y busqué libros y aprendí mucho. Tuve que aprender hasta a vestirme, casi. Así pues, que busquen la manera de profesionalizar todo lo que hacen. Trabajar en pijama no creo que sea buena idea. (risas)

5. Imagino que, como yo, muchos de mis compañeros que están empezando aún están algo perdidos con las tarifas (cuánto es mucho, poco o aceptable). ¿Cómo recomiendas establecer las tarifas? ¿Hay algún sitio donde puedan informarse?

A ver, no conozco a ningún profesional que no se sienta perdido en el tema de las tarifas. Establecer tarifas es tomar una decisión y las decisiones tienen consecuencias. Voy a dar mi opinión al respecto y, como he dicho antes, no se la crean; analícenla con espíritu crítico. En primer lugar, creo que últimamente se habla excesivamente de tarifas —lo cual probablemente responda a un problema actual— y se habla poco de la mejora del servicio que uno presta. Todos creemos que nuestro servicio es el mejor y el de más calidad y que nos pagan muy poco. Es algo que me planteo constantemente. En segundo lugar, para hablar de tarifas, creo que hay un término clave: la sostenibilidad. Si uno echa muchas horas al trabajo y, con lo que cobra, no consigue que su actividad profesional sea rentable, hay que plantearse los motivos, que pueden ser muchos. Y habrá que tomar decisiones. Por lo tanto, si uno trabaja mucho y cobra unas tarifas que no resultan rentables, podrá subir las tarifas con el riesgo de perder esos clientes o podrá continuar así con el riesgo de quemarse en poco tiempo y esclavizarse. Insisto: sostenibilidad. En tercer lugar, no sé si uno puede informarse de tarifas en algún lado o no y hace años que dejé de hacerlo. Uno sí escucha rumores de aquí se cobra tanto o cuanto y uno decide si trabaja o no por esos precios. En mi caso, siempre me planteo cuánto puedo trabajar al día, cuántos días al mes y cuál es la tarifa con la que puedo cubrir mis necesidades, ahorrar y pagarme vacaciones. Es cuestión de matemáticas y de buscar clientes que paguen, como mínimo, esa tarifa. También uno deberá dar algo a cambio que justifique esa tarifa y que haga que el cliente vuelva una y otra vez. Como puedes ver, estoy filosofando y no te estoy respondiendo nada en claro. En cuarto lugar, por último, está claro que las tarifas en el mundo de la traducción tienen mucho que ver con los ámbitos de especialidad: jurídica, médica, audiovisual, patentes, técnica, videojuegos, etcétera. Hay ámbitos dominados por las grandes agencias y en los que el traductor autónomo tiene menos margen de maniobra y negociación. También depende de los países. Por ejemplo, hay empresas que pagan en función del país en el que están radicados sus traductores. Me lo contó una gestora de proyectos y me quedé atónito. También me quedé atónito hace poco, cuando un traductor inglés pero residente en Alemania me contó que cobra 36 céntimos por palabra. Sí, 36. Como ves, es sumamente complejo.

6. Como ya hemos hablado, me costaba (y a veces me cuesta aún) establecer unos horarios para traducir (y cumplirlos), y al final acababa derrotada y sin capacidad de traducir bien al 100%. ¿Podrías contarnos cómo organizas tu tiempo?

Como ya he contado muchas veces, durante un año compaginé la traducción con la comunicación política; en plena época electoral. Aquello se convirtió en un círculo vicioso en mi vida; trabajaba de lunes a domingo y apenas dormía 6 horas al día. Cuando terminó el período electoral, dejé la comunicación política, pero mantuve los horarios —mejor dicho, la ausencia de horarios— hasta que un sábado mi mujer se fue a la playa y yo me quedé en casa trabajando. Me di cuenta de lo que estaba haciendo con mi vida. Desde entonces, empecé a leer y hacer cursos sobre productividad, gestión del tiempo, etcétera. Fue así como aprendí la metodología GTD y otras técnicas que incorporé a mi vida de inmediato. Fueron todo un descubrimiento. Desde entonces, saqué la oficina de casa y ahora trabajo de lunes a viernes, salvo excepciones como guardias para el juzgado o algún encargo que no he podido posponer por lo que sea y que yo decido hacer durante el fin de semana. Algo que hice fue explicarles a mis clientes mis horarios y la mayoría lo aceptó de buen grado y entendió mis motivos. Eso sí, todo esto requiere mucha disciplina.

7. ¿En qué estás trabajando en este momento (que nos puedas contar)? ¿Qué porcentaje dedicas actualmente a la traducción y cuál a la interpretación?

Pues no voy a ser muy original: ahora mismo estoy traduciendo unos textos sobre derecho comparado relacionados con delitos de violencia sobre la mujer y luego tengo que traducir una campaña sobre el uso de los antibióticos. Con respecto a los porcentajes, la interpretación ocupa aproximadamente el 15 % de mi trabajo. De ese porcentaje, la gran mayoría es interpretación judicial. El 85 % restante es traducción.

8. ¿Has tenido alguna traducción que te haya dado muchos quebraderos de cabeza? ¿Qué consideras lo más complicado de tu trabajo?

Sí, claro. Algunos encargos requieren mucha dedicación y esfuerzo. Una traducción que me costó, pero no por su dificultad, fue un encargo para la Administración de Justicia. Era una investigación sobre corrupción y tuve que traducir más de 600 extractos bancarios —cada uno de varias páginas— de una entidad financiera del Reino Unido. Era transcribir números y códigos. Me dejé las pestañas. Con respecto a lo que me resulta más complicado, probablemente la parte de la interpretación judicial, puesto que ahí se ve, a menudo, lo peor del ser humano. Con frecuencia hay que lidiar con asuntos muy feos.

9. Por último, ¿podrías contarnos alguna anécdota divertida o curiosa?

Tras esta perorata, en lugar de una anécdota, te haré una confesión divertida: hablo mucho. Muchas gracias, Laura.


Muchísimas gracias a ti, Tenesor, por todos los consejos y anécdotas. Seguro que ayudará a muchos a aclararse. ¡Nos vemos en el próximo #traducafé de Las Palmas!

Y a todos ustedes, espero que les haya gustado. Si es así, pueden dejar sus comentarios y sugerencias para próximas entrevistas. Y ya saben:


Keep calm and translate!

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