Entrevista a Pilar de la Peña Minguell, traductora literaria


En estos nuevos artículos, entrevistaré a los mejores traductores/intérpretes del mundo. Pues qué mejor para alguien nuevo en este mundillo, como yo, que aprender de los mejores. Muchísimas gracias a los que han dedicado un ratito de su tiempo para informarnos y entretenernos con sus historias y experiencias.

Pilar de la Peña Minguell es madrileña, traductora y comidista; amante de la fotografía, de los viajes y de la buena gente. Se licenció en Filología Inglesa por la Universidad Complutense cuando aún no existían titulaciones específicas de traducción en España y, a continuación, cursó un Máster de Traducción en el Instituto de Lenguas Modernas y Traductores de esa misma universidad. Inició su andadura profesional como freelance hace ya casi treinta años y desde entonces ha ido abriéndose camino poco a poco en el mundo —aunque durísimo, apasionante— de los juntaletras, como le gusta llamarse. Se la conoce sobre todo por su traducción de Cincuenta sombras de Grey (Grijalbo, 2012), proyecto que marcó un antes y un después en su carrera, pero a lo largo de esos casi tres decenios ha traducido «de todo un poco»: técnica, divulgativa, comercial, audiovisual y finalmente literaria, a la que lleva más de quince años dedicada en exclusiva. Actualmente trabaja para varios grupos editoriales (Planeta, AdN, AmazonCrossing…) y traduce novela negra. Entre sus últimas traducciones se encuentran El presidente ha desaparecido, de Bill Clinton y James Patterson (Planeta, 2018); Vientos de traición, de Christine Mangan (Planeta, 2018); los thriller psicológicos de la británica B. A. Paris Al cerrar la puerta (AdN Alianza de Novelas, 2017) y Confusión (AdN Alianza de Novelas, 2018); y el thriller policíaco de Ashley Dyer Astillas en la sangre (AdN Alianza de Novelas, 2018). Aunque ha vivido en Reus y en Torremolinos, ahora reside en su Madrid natal, donde confía en seguir viviendo de la traducción muchos años más y algún día, quién sabe, publicar sus propias novelas.


1. ¿Cómo comenzaste en el mundo de la traducción? Y ¿cuándo llegó tu primera gran oportunidad?
Siempre quise ser escritora, desde niña, y me encantaba leer. Las clases de inglés, de lengua española y de literatura eran mis favoritas, y destacaba en ellas. Fue una de mis profesoras de inglés la que me animó a que estudiase Filología Inglesa y me dedicara a la traducción. Por entonces, aún no había titulaciones específicas en nuestro campo, pero me entusiasmó la idea. Antes de acabar la carrera ya estaba haciendo traducciones. Empecé con pequeñas agencias, luego con otras más grandes. Traducía lo que me daban, de cualquier materia (contratos, publicidad, textos técnicos...) y le ponía mucha ilusión, pero no acababa de gustarme. Yo quería traducir novela y empecé a mandar mi currículum a editoriales. Aunque no era fácil, nunca tiré la toalla. Entretanto, seguí buscando nuevas metas: de la traducción técnica pasé a la de prensa (con News Clips), luego a la traducción audiovisual (con BRB, Cinematext, Videolab...) y finalmente me ofrecieron trabajar para Anaya Multimedia traduciendo manuales de informática, y acepté. Aunque no era lo que buscaba, se le parecía mucho. Mi gran oportunidad llegó cuando, después de hacer un curso de corrección en Cálamo y Cran, comencé a relacionarme con otros profesionales del ramo. A algunos compañeros les gustó mi trabajo y me acercaron a varias editoriales grandes, donde empezaron a encargarme trabajos de traducción editorial, primero de "no ficción", luego de "ficción". De esto hace ya unos quince años, y casi treinta desde que inicié mi andadura como traductora.

2. Cuando te ofrecieron traducir Cincuenta sombras de Grey, ¿qué pensaste? ¿Sabías que se convertiría en el fenómeno mundial que llegó a ser?
Cuando Random me ofreció Cincuenta sombras de Grey, yo ya llevaba un tiempo trabajando con la editorial y había hecho mucha novela romántica y erótica, de época y contemporánea, tanto para ellos como para Esencia, el sello de Grupo Planeta. El género no me entusiasmaba, pero yo buscaba rodaje en literaria y, aunque había pedido chick-lit para poder trabajar seguido sin morir en el intento, se publicaba mucha más romántica/erótica, así que, sin quererlo, terminé "especializándome". Cincuenta sombras llegó de repente con unos precedentes de ventas brutales en países de habla inglesa. El informe de marketing era de diez y ya se sabía que iba a vender (aunque ninguna de nosotras imaginaba cuánto). El problema era que disponíamos de poco tiempo para el lanzamiento, por lo que al final fuimos cuatro las traductoras que participamos en el proyecto. Yo acepté porque jamás he rechazado un proyecto, salvo que me fuese imposible abordarlo por falta de tiempo. Y salió bien. Fue una experiencia divertida y una ocasión única que siempre agradeceré a la editorial.

3. Teniendo en cuenta el juego de palabras del título, ¿te resultó difícil dar con su traducción? ¿Hubo otras propuestas?
El título de las novelas rara vez es decisión del traductor, al menos en los grupos grandes. Nosotros podemos hacer sugerencias, pero es el departamento de marketing el que decide lo más conveniente. La cubierta y el título de una novela son lo primero que llama la atención del lector y siempre está en manos de la editorial, que, a fin de cuentas, es la que comercializa la obra y sabe mejor que nadie cómo llegar a sus lectores. El juego de palabras del título tenía difícil traducción desde el punto de vista comercial. No se podía perder el apellido del protagonista, así que se pensó que, dado el carácter del personaje y su tormentosa existencia, las "sombras" transmitirían mucho más que los "matices/tonos de gris". El resto se podía entender al leer la novela porque había un fragmento donde se explicaba. Y así se quedó. En cualquier caso, todo esto lo hablamos en su momento con las editoras, porque durante el proceso de traducción hubo siempre una comunicación constante de todo el equipo.

4. Además del título, ¿con qué otras dificultades te encontraste? ¿Fue complicado traducir las partes eróticas? ¿Te dio más problemas alguno que otro?
Como ya he dicho antes, yo tenía experiencia traduciendo erótica, así que no encontré grandes dificultades en la traducción. El texto era muy ligero y las partes eróticas eran como todas. Nada nuevo en el horizonte. ;)

5. ¿Cómo es el proceso de traducir una novela como esta? ¿De cuánto tiempo se dispone? ¿Lo lees primero o vas leyendo y traduciendo? Y ¿puedes contactar con alguien en caso de tener dudas?
Nunca leo las novelas antes de traducirlas. Pierden toda su magia para mí (sobre todo ahora que traduzco básicamente novela negra). Sé que hay compañeros que lo hacen, pero yo no veo la necesidad. Es una cuestión muy personal, claro. Prefiero ir descubriendo la historia según la voy traduciendo y como, de todas formas, siempre repaso al menos un par de veces todo el libro antes de entregar y, mientras traduzco, voy tomando notas de absolutamente todo lo que creo que puedo necesitar después, tengo material suficiente (en la cabeza y en papel) para retocar o reescribir lo que haga falta al final, cuando ya dispongo de la información necesaria. Acostumbro a informar a mis editoras de cualquier cosa que considere que deben saber. Lo hago por correo electrónico cuando termino mi trabajo, mediante un pequeño informe o con anotaciones en el propio texto, comentarios sobre las decisiones que tomo, para facilitar así el trabajo al resto del equipo. Solo les consulto durante la traducción las cosas que pienso que no me corresponde a mí decidir, pero eso pasa pocas veces. Casi todo puede esperar a que la traducción esté terminada. Las editoriales con las que he trabajado y trabajo siempre me han dado facilidades de comunicación. Con cada proyecto hay una persona responsable a la que puedes preguntar lo que quieras cuando quieras si lo necesitas. En cuanto al tiempo del que se dispone, eso también es decisión editorial. Ellos tienen sus programaciones y, aunque procuran ofrecernos plazos razonables (unos tres meses por novela), no siempre es posible. En el caso de Cincuenta sombras, como ya he dicho, íbamos algo justas, por eso el trabajo se dividió entre varias personas. Luego cada traductor se organiza como puede para entregar en fecha.

6. Supongo que has visto las películas, ¿qué te parecieron? ¿qué te pareció oír en la gran pantalla algunas de tus traducciones?
He visto las dos primeras, pero tampoco me he fijado mucho en si utilizaban frases mías o no. Sé que pidieron permiso a la editorial para poder replicar el lenguaje de los libros, porque la editorial nos lo consultó a los traductores, pero, la verdad, no presté mucha atención. Solo las vi por curiosidad.

7. Scheherezade Suriá nos contó, cuando vino a las Jornadas Canarias de Traducción e Interpretación, que a ella le piden, a veces, suavizar el lenguaje en las novelas eróticas que traduce, ¿te has visto en una situación parecida o te han dado total libertad para traducir?
Cada editorial tiene sus normas. Ellos conocen a sus lectores mejor que nadie y saben qué puede o no gustarles. Hay lectores que se ofenden cuando el lenguaje es demasiado explícito y eso hay que tenerlo en cuenta, aunque no estemos de acuerdo, porque, al fin y al cabo, ellos son los destinatarios finales de nuestro trabajo. Los traductores somos meros peones en el engranaje editorial. A mí eso nunca me ha preocupado. Si la editorial me dice que no quiere términos soeces, intento evitarlos. Cuando lo veo imposible porque el personaje en cuestión tiene un registro muy coloquial, o incluso vulgar, se lo comento y dejo que ellos decidan qué hacer. Nosotros proponemos y, aunque se respete nuestra voz de autores, no siempre disponemos. Yo lo acepto; es parte del trabajo. Si después hay discrepancias, se hablan y se llega a un acuerdo. Con Cincuenta sombras no hubo tiempo para grandes debates, pero, como nos comunicábamos constantemente con el equipo por correo electrónico, tampoco surgieron muchos problemas. Cada cual propuso lo suyo y entre todos vimos cómo podía funcionar, siempre dentro de las pautas que nos marcaba la editorial, claro. Pero, sí, en general, a estas alturas de mi carrera, puedo decir que cuento con absoluta libertad con las novelas que me encargan. El resto es cuestión de diálogo, como todo en la vida.

8. ¿Qué estilo de libros te gusta más traducir? ¿Pueden estar relacionados los gustos de un traductor con una buena traducción del libro?
Un buen traductor siempre trabaja al máximo de sus posibilidades y pone todo su entusiasmo y su ilusión en cada encargo. Es cierto que, si lo que estás haciendo no te llena, cuesta un poquito más, pero eso no debe ser impedimento para que la traducción sea buena, únicamente puede tenerte más o menos contento mientras trabajas. Yo he tenido mucha suerte porque he hecho en cada momento lo que me apetecía hacer. Cuando hacía audiovisual, disfrutaba mucho. Traduje varias series completas para BRB, la productora de animación, y lo pasé genial con aquellos personajes. Me encantó traducir prensa con Paloma Cebrián, en News Clips; todos esos manuales de Photoshop para Anaya; los libros de cocina de José Andrés o los de la supernanny británica, Jo Frost, que me ofreció Planeta en mis comienzos; las guías y libros de viajes de geoPlaneta; e incluso todas esas novelas románticas que he traducido, aunque no fuera mi género de cabecera. Cada trabajo fue importante y enriquecedor en su momento. Ahora traduzco novela policíaca y de suspense, y me apasiona, porque siempre ha sido mi género literario favorito. Pero no me cierro a nada. ¿Quién sabe?, quizá dentro de unos años esté haciendo otra cosa, o escribiendo mis propios libros. ;)

9. ¿Qué aconsejarías a aquellos traductores noveles que quieren iniciarse en la traducción literaria?
Lo principal es no tirar nunca la toalla. Hay que luchar por lo que uno quiere, eso siempre es así. Aunque el objetivo parezca lejano o imposible, que no se rindan. Que sigan formándose, leyendo mucho, escribiendo mucho, relacionándose con otros traductores y curtiéndose en la profesión con trabajos menores, que son los que te dan experiencia y soltura. La vida del traductor es dura, pero tiene grandes recompensas. Ver publicado tu trabajo es algo muy especial y merece la pena el esfuerzo.

10. ¿Ha habido traducciones que luego al volver a leer te habría gustado cambiar? ¿Recuerdas alguna?
Cuando hago una traducción, pongo toda la carne en el asador. La pulo lo máximo posible antes de entregarla y procuro rematar siempre el envío final con una sonrisa, una sonrisa de satisfacción por el trabajo realizado. Una vez publicada, ya no la vuelvo a leer. Javier Marías, que fue profesor mío de Teoría de la Traducción en el máster de la Complutense que hice al terminar la carrera, siempre nos decía que tantas veces como releyéramos la traducción, tantas veces la cambiaríamos. Es inevitable, y a veces contraproducente. Así que, después del último repaso, ya no toco nada. Si no, el trabajo se haría interminable, sobre todo para los que somos perfeccionistas hasta la obsesión. ;) Yo entrego y me olvido. Creo que es lo mejor.

11. De todas las traducciones que has hecho, ¿cuál es tu favorita, de la que más orgullosa te sientes?
Uf... ¡Qué pregunta tan difícil! Es como si a una madre le piden que elija entre sus hijos. Han sido muchos trabajos y mucha ilusión puesta en cada uno, pero lo cierto es que sí hay uno al que tengo un cariño especial y siempre lo digo: un libro divulgativo de gran formato sobre la expedición del Terra Nova, Con Scott al Polo, publicado por geoPlaneta. Incluía unas fotografías geniales de Herbert Ponting y el texto era un relato espeluznante de aquella aventura, muy bien contada, que me tuvo cautiva durante semanas. Además, trabajé mano a mano con mi correctora y nos quedó redondo. Es de los pocos trabajos que he releído por gusto después de publicado.

12. Y, por último, habiendo traducido novelas eróticas, seguro que hay miles de anécdotas divertidas o curiosas, ¿podrías contarnos alguna?
Me hace gracia esta pregunta. Lo más divertido de la novela erótica es lo absurdo de algunas situaciones, las posturas disparatadas en las que sobran brazos y piernas o resulta completamente imposible imaginarse a los personajes haciendo lo que allí se dice porque las leyes más elementales de la física lo impiden jajaja. Lo mejor es poder comentarlo después con compañeros que han trabajado el mismo género porque todos coincidimos en lo mismo: las autoras (suelen ser ellas) de novela erótica le echan mucha imaginación. Mucha. :)

Muchísimas gracias, Pilar, por tus respuestas tan interesantes y por ser tan cercana. Esto nos hace ver todas las distintas opciones que ofrece la traducción literaria. Y a todos ustedes, espero que les haya gustado, y si tienen cualquier pregunta o comentario, pueden dejarlo debajo. 


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